A un amigo que nunca olvidaré...
Te escucho...
veo la luz avioletada que miras,
es tan dulce y fugaz a la vez.
De ella, huyen palabras humedecidas de melancolía,
huérfanas sensaciones que quiero cobijar como amiga.
¿Cómo decirte? ¿Cómo hacer que me escuches sin herirte?
El vacío del espacio sucumbe ante el miedo de tu respuesta,
el olvido de una muerte repetida otra vez en esta noche vacía.
En verdad quiero con la palabra alcanzar tus espacios sin tiempo,
enjuagar con versos esa agonía helada que habita en el universo,
haciendo resplandecer estrellas nuevas desde tus agujeros negros.
Pero no sé...
a veces como ceniza mineral te lleva el viento,
después de todo, eres solitario viajero que no sigue una órbita,
y yo alguien que desde el planeta de atrás bosqueja en el aire sus lamentosos ecos.
veo la luz avioletada que miras,
es tan dulce y fugaz a la vez.
De ella, huyen palabras humedecidas de melancolía,
huérfanas sensaciones que quiero cobijar como amiga.
¿Cómo decirte? ¿Cómo hacer que me escuches sin herirte?
El vacío del espacio sucumbe ante el miedo de tu respuesta,
el olvido de una muerte repetida otra vez en esta noche vacía.
En verdad quiero con la palabra alcanzar tus espacios sin tiempo,
enjuagar con versos esa agonía helada que habita en el universo,
haciendo resplandecer estrellas nuevas desde tus agujeros negros.
Pero no sé...
a veces como ceniza mineral te lleva el viento,
después de todo, eres solitario viajero que no sigue una órbita,
y yo alguien que desde el planeta de atrás bosqueja en el aire sus lamentosos ecos.
Déjame ser tu amiga...
me he acostumbrado tanto al vacío que habitas,
al silencio del espacio en que todos gritan.
¿Y cómo podré huir?
Hay todavía tantas estrellas avioletadas,
y aunque una a una vayan muriendo,
serán polvo asesino en mi atormentada conciencia.
Huella
10-07-2012
