Hogar de las hormigas
El suelo se bifurca
en partículas levitantes y rupestres,
la luz busca en las cavernas
donde empollar su brillo,
ha sellado la tierra el minúsculo aposento calizo,
donde deambulan lamiéndose las hormigas.
Los enjambres eléctricos
van arrastrándose sobre la pétrea maleza,
son espermas de mamuts,
que buscan su óvulo en la triturada piedra,
ese bautismo prehistórico
que les confiere titánica fuerza.
El horizonte es árido y oscuro,
sudan las paredes su rancio secreto,
cáustico aroma de la negrura
que hace crecer mohos
de babosas canteras.
En los brazos del laberinto
se sepulta el ácido fórmico,
allí se dirigen las insaciables
para embriagar sus antenas raptoras,
ese instinto que provoca
la convulsión inquieta de su tórax.
Hormiplea extiende su imperio
en la fibra de la arena,
cada grano susurra
el compás de la sinfonía rastrera.
Ellas marchan y excretan,
huyen y se esconden
otras minúsculas bestias.
Es el temor soberano de la toxina malévola.
El hilo viviente olfatea el hoyo soberano,
protegen con celo la bóveda de los huevos,
el clan formícido y su latencia.
La madre custodia furiosa
la cóncava habitación de tierra.
***Huella del aire***
27-09-2014
El suelo se bifurca
en partículas levitantes y rupestres,
la luz busca en las cavernas
donde empollar su brillo,
ha sellado la tierra el minúsculo aposento calizo,
donde deambulan lamiéndose las hormigas.
Los enjambres eléctricos
van arrastrándose sobre la pétrea maleza,
son espermas de mamuts,
que buscan su óvulo en la triturada piedra,
ese bautismo prehistórico
que les confiere titánica fuerza.
El horizonte es árido y oscuro,
sudan las paredes su rancio secreto,
cáustico aroma de la negrura
que hace crecer mohos
de babosas canteras.
En los brazos del laberinto
se sepulta el ácido fórmico,
allí se dirigen las insaciables
para embriagar sus antenas raptoras,
ese instinto que provoca
la convulsión inquieta de su tórax.
Hormiplea extiende su imperio
en la fibra de la arena,
cada grano susurra
el compás de la sinfonía rastrera.
Ellas marchan y excretan,
huyen y se esconden
otras minúsculas bestias.
Es el temor soberano de la toxina malévola.
El hilo viviente olfatea el hoyo soberano,
protegen con celo la bóveda de los huevos,
el clan formícido y su latencia.
La madre custodia furiosa
la cóncava habitación de tierra.
***Huella del aire***
27-09-2014
