Aedes Aegypti
Sé que soy un insecto maldito, despreciado por la raza humana
dentro de mí llevo el hijo de la muerte, el tóxico veneno del dengue.
Sé que mi ansia rapaz de sobrevivir me hace anhelar la sangre,
el territorio urbano, con su suciedad y desastre.
Pero no soy culpable de esta nefasta suerte...
Talan mis bosques, los oscuros lugares donde habito,
donde vuelo en piadosa libertad con mis congéneres
ejerciendo en la selva nuestro dominio salvaje,
y abrazando la húmeda monotonía de las plantas.
Sé que soy el más odiado,
el más combatido y ruin de los insectos,
se que ninguna clemencia me merezco,
por invocar las fiebres, y quebrantar los huesos .
Pero antes de que contra mí profieran maldiciones
naveguen en mi origen, y vean por qué existo.
Pregúntense por qué se rompe este equilibrio tan perfecto,
que impulsa el grito gimiente de la tierra.
Y protejan la esencia sagrada de los bosques...
cuidando la armonía que de los humanos nos alejan.
Aquella que nos hace ser útiles en el lugar que nos cobija,
cumpliendo los designios perfectos de la madre naturaleza.
Huella
26-05-2013
