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sábado, 27 de abril de 2013

Los cardos dementes




Viene la noche tan lánguida a cubrirme.
Veo a las aves del olvido, pero no entonan sus cantos
aromados de frutas en las ventanas de mi alma.

Huyen los últimos destellos
que gravitan perdidos en la inmensidad del cielo.
La luna, flor circular de polvos y néctares,
libera en mi corazón las voces del pasado.

Sí, empiezan a abrirse los tulipanes de la ausencia,
se huele su aroma de atardecer fatigado
y se opaca lentamente al ras
del rocío traslúcido de las nubes viajeras. 

Se parten las nueces de la nostalgia.
Las devoran las hiedras carnívoras
que desde la tierra tiemblan.

Mi alma se reconcilia en paz con el silencio nocturno,
tiene el matiz tibio de alguna dulce esperanza.
Y vencida por la vital esencia de la espera
quizás ahora soy dura y solitaria piedra.

Y así...
Aquietada en la orilla de un mar de olas violetas
empiezo  a asfixiar de vuelta los cardos dementes de mi tristeza.

Huella
26-04-2013