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lunes, 7 de octubre de 2013

Lacimia



                                             Mundo de  las libélulas

Volando entre las circulares danzas del viento,
llegué a los manantiales de Lacimia...
Allí volaba yo entre las criaturas aladas
observando sus pequeños ropajes de selva húmeda,
sus suspiros suaves de aire,  con cristales finos de luna.

Volábamos juntas al margen del tiempo,
acaparando de la brisa su suave suspensión en el aire.
Chocábamos nuestros suaves cabellos,
buscando entre nosotros un suave  sosiego.

La noche se desparramaba con sus mágicas estrellas,
 el arroyo gemía con  su voz mansa y herida,
ansiaba bañarnos con su ternura líquida,
con sus burbujas azules que de las rocas  lizas nacían.

 Y hacíamos de escolta al paso hereje de las hojas,
buscando un espacio silencioso para absorber sus perfumes de menta,
frágil  suspiro de una sincronía floral perpetua,
como si se volviese a la vida cuando el día recibe
el luminiscente polen violáceo que siembra.

Lacimia, el mundo de las libélulas,
las que cortejan con sus transparentes alas a las mansas gotas de agua
buscando acaparar su levitación etérica de niebla,
que en la brisa crepuscular, sombría e inmutable,
el latir neuronal de sus alas azules eyecta.

Huella
7-10-2013