«Estoy demasiado triste como para contártelo», Fotografía de Ader Bas Jan
A un viajero sin órbita
Te sentí.... y quería decirte tantas cosas, las palabras fueron para mí como tristes sepulturas en la que dormitan en silencio los sentimientos atados para la eternidad.
Intensas vibraciones de mi alma, que rebozan de pureza con la fosforescencia del amor, pero que, opacadas por la realidad, deben descansar.
Si pudiera tan solo habitar en la intensidad de los momentos, absorber los instantes que no quieren ser recuerdos. Podría tan siquiera redimir este inocente divague, que latente de una esencia tan pura, añora alcanzarte.
Palabra, en otro tiempo fuiste mi aliada, y ahora me sentencias oscuramente a callar.
Dentro de mi alma habitan ahora tus verdades, una condena irremediable que hará del amor una idealidad. Tu canto cadencioso de estrellas desparramadas serán sustento irremediable para que encuentre un poco de paz.
Mártir de la ilusión que batalla el desánimo, principito de la risa que con tu miel endulzas. Avecita encantada que despliega sus alas, para volar por todas partes sin trazar su mapa.
Rebelde burbujita que flota con sus colores, bailando su melodía de risas y carcajadas. Retoñito de un árbol que despacito retoza, mirando la vida que frente a ti se asoma.
Huellita de zapato que deja por doquier sus sueños, grabando en la arena la frescura del recuerdo. Pequeña arañita que teje extasiada sus aventuras, con hilitos de seda que con amor se forman.
Pomponcito de una nube que en el viento viaja, inundando de blancura la inmensidad del cielo. Héroe de un cuento de aventuras lejanas, que vence todo mal y de morir se levanta.
Dame tus manitos y juntos llevemos tu canto, regalaremos dibujos y estrecharemos abrazos. Y es que todas las personas necesitan solo verte, para recuperar su paz y en locuras perderse.